Hermandades del Trabajo Comisión Nacional
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Hermandades del Trabajo. 

Comisión Nacional

 

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ETAPAS IMPORTANTES EN LA VIDA DEL SIERVO DE DIOS,

 

Don Abundio García Román

 

 

 

 

Se supone que estas etapas, escogidas necesariamente de manera subjetiva, tuvieron una influencia ascendente y dialéctica las unas sobre las otras, que algunas de estas etapas fueron más importante para D.Abundio como persona y hombre de Dios, y que otras, dentro del proceso normal de cambio humano y espiritual, iban cambiando según la percepción del mismo D. Abundio a lo largo de su vida.

 

No entraremos en esta complejidad de cualquier ser humano que intenta vivir consecuentemente, sino notar las etapas que tuvieron que influir en su vida y percepción del mundo. Como es evidente, falta un gran esfuerzo para conocer la totalidad de la vida aspiraciones y luchas del Siervo de Dios.

 

 Etapas de su vida:

 

1. 1906-12, infancia en Jaraicejo (Cáceres); relación sumamente positiva con sus padres y la familia; influencia de sus padres en su crecimiento afectivo; identificación con su pueblo extremeño y su cultura distintiva.

 

2. 1912-18, infancia y juventud en Madrid; la experiencia a veces traumática del inmigrante rural que llega a la gran ciudad: desarraigo, incertidumbre, soledad; la influencia positiva de su familia en la adaptación; la escuela y sus estudios, influencia de profesores, la cultura madrileña y el momento histórico vivido.

 

3. 1918-30, formación sacerdotal en el seminario; estilo de formación, estudios, recreación, relación con su familia y compañeros, espiritualidad, paradigma teológico de aquellos años, aptitudes para la literatura, crisis personales.

 

4. 1930-36, primeros años de sacerdocio; experiencias con los pobres en Entrevias, ambiente anticlerical, esfuerzos educativos y de organización pastoral, conflictos sociales (1932-34); a partir de 1934 profesor de latín y literatura en el Seminario de Madrid.

 

5. 1936-1939, Guerra Civil; encarcelamiento y peligro de muerte, refugio en la Embajada de Noruega durante dos años, actividad pastoral y tiempo de reflexión.

 

6. 1939-1947, Profesor del Seminario; capacidad literaria e influencia en los jóvenes; acción pastoral, dirección espiritual, capellán de monjas, director de los Ejercicios Espirituales (influencia ignaciana y teresiana); Acción Católica.

 

7. 1947-1978, fundación de las Hermandades del Trabajo; el difícil arranque y oposición, sus múltiples viajes dentro de España, sus buenas relaciones con el episcopado; crecimiento en los años 60 y sus dotes organizativas; apertura a América Latina y sus viajes; a partir de los últimos años de los 60, llamadas a la reforma.

 

8. 1963-65, la enorme influencia y confirmación del Concilio Vaticano II respecto de las metas de las Hermandades en el área del apostolado seglar.

 

9. 1975-80, la transición política en España, desplazamiento de la Iglesia en la estructura social, conflictos sindicales y eclesiales, cambio de paradigma que cuestiona las Hermandades e influye directamente en su pérdida relativa pero creciente de metas organizativas y de afiliados

 

10. 1978-89, jubilación, contactos e influencia en las Hermandades; deja el mando y profundiza en las etapas anteriores de su vida.

 

 

 

Hermandades del trabajo en Valencia

 

J. A. Doménech Corral

 
 
 
 

En esta crisis en la que andamos inmersos y de la que no hay institución que se libre por los recortes en las subvenciones que tienen concedidas, merece resaltar la única que, sin ayuda oficial, mantiene todos los servicios que presta con la eficiencia de siempre. Sin merma alguna. Son las Hermandades del Trabajo que cumplen hoy 47 años de su establecimiento en nuestra ciudad, y el próximo día 30 veintiuno de la muerte de su fundador. Estas «Hermandades» son una organización católica fundada en Madrid en 1947 por el sacerdote cacereño Abundio García (1906-89), cuyo proceso de beatificación se ultima en Roma. 
Para formarse una idea de la envergadura de la obra que emprendió, llevado de su inquietud por la clase trabajadora, hay que saber las carencias económicas y formativas que sufrían los trabajadores de mediados del pasado siglo. Salvando cuantas dificultades se le presentaron, logró crear en su organización una serie de obras sociales desconocidas en el mundo obrero de entonces. Viajes turísticos, residencias veraniegas, comedores sociales, escuelas nocturnas y hasta una «despensa del parado» para los que estaban en esa situación laboral. 
Novedosos recursos que después copiarían el Ministerio de Trabajo y todas las consejerías autonómicas. Tuvieron gran repercusión social y una rápida expansión hasta en 21 ciudades de nuestro territorio nacional. Y en América.
Pero fue Valencia la primera elegida para expandirse, ubicándose en la plaza del Negrito, acogida por su arzobispo Olaechea, hijo de obrero y volcado también entonces por la clase obrera. Recordemos su «Tómbola» para recaudar fondos, el Banco Nuestra Señora de los Desamparados para administrarlos y los grupos de viviendas de Tendetes y San Marcelino que levantó. 
Nombró primer consiliario al sacerdote Moisés Sánchez que elevó a primer plano la nueva institución; sucediéndose José Vilar que la mantuvo durante 15 años; y continúa ahora con Emilio Meseguer. 
Me confieso un admirador de las Hermandades de Trabajo de Valencia y asiduo visitante de sus tres Residencias, de monte y playa, que posee en Bejís, Serra y Mareny Blau. 
Y es con motivo del doble aniversario que celebra que acudo a su actual consiliario para que me descubra el secreto de la exitosa supervivencia de la institución, pese a la crisis y carencia absoluta de subvención alguna. «Una cuidada administración de los propios recursos» —me dice— «y el ambiente familiar que se respira dentro de ella; no solo en nuestras residencias, sino entre los que participan en los viajes que programamos. Les impacta y mueve a sumarse a la organización». 
Ciertamente ésta era la finalidad que pretendía el fundador. Que la cotidiana relación entre las distintas familias trabajadoras resultase fraternal —de aquí el nombre de Hermandades— adquiriendo éste compromiso los que se incorporasen a ellas como militantes. Porque también se puede ingresar como simple afiliado para beneficiarse de su obra social que incluye viajes, estancia en sus residencias y formación religiosa que imparte el mismo consiliario.

 
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